Identidad sexual en la adultez: cómo actuar cuando la orientación del deseo cambia

Foto: BBC Mundo

 

Y un día llegó con un nuevo amigo a comer, compañero del “gimnasio”, dijo. Otro día se quedó a dormir en su casa, otro día, ella, sospechando que algo pasaba, le revisó el teléfono y ahí se confirmó la sospecha: “mi marido es gay”.

Por Infobae

En otro caso, una mujer, que fantaseaba con la idea de estar con una mujer, finalmente se animó, descubriendo nuevas experiencias sexoafectivas que nunca imaginó. Estas escenas aún ocurren en este siglo XXI cuando pareciera que el closet está entreabierto y solo basta un empujón para “patear” la puerta y abrirlo del todo.

Sin duda, la represión, el miedo, la creencia en que es solo un deseo pasajero, la imposibilidad de romper con las normativas sociales, la vergüenza de encarar a pareja, familia, amigos, etc. Para estos hombres y mujeres que revelan su orientación siendo adultos la salida del closet es un alivio que compensa tantos años de confusión, de negación y de angustia.

Sin lugar a duda, la apertura actual ayuda, y mucho, a patear la puerta del armario con menos incertidumbre, haciéndose cargo de la decisión tomada. Quizá en estas instancias la persona se pregunte qué es, tratando de definir esa nueva expresión de su sexualidad. ¿Homosexual, heteroflexible, bisexual? Las palabras se buscan para definir la línea del deseo y de la atracción, también para brindar al otro una “explicación” de lo nuevo que ocurre. La identidad sexual, que incluye la orientación, precisa de palabras para definir las ideas, las creencias, los gustos, las afinidades, la forma de expresión de esta, quizá para sentir que esa palabra (homo, hetero, bisexual, asexual, pansexual) nos define y representa.

Deseo y orientación

El deseo homosexual en algunos hombres es cada vez más fuerte, no solo en lo sexual, sino en la aparición de afecto, amor, ganas de estar con ese otro ser que movilizó las estructuras defensivas hasta hacerlas caer. Foto: Cortesía.

 

La orientación sexual no se elige, se construye con la subjetividad, como un aspecto central que orientará en un futuro las motivaciones amorosas y eróticas. La elección será la manera de llevarlo adelante, de visibilizarlo u ocultarlo, de guiar los modelos de conquista, los proyectos personales y vinculares, las diferentes maneras que tiene la sexualidad de intervenir en nuestra vida.

Por lo tanto, entendemos que el sexo es un determinante de “lo natural”, sin embargo, la sexualidad es diversa, nos comprende como seres humanos en toda su dimensión. La heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la pansexualidad, la asexualidad son distintas orientaciones del deseo y la atracción.

En las personas estas orientaciones suelen ser congruentes con sus deseos y sus elecciones de pareja, pero en otros casos, el deseo no condice con la orientación que se muestra, como ocurre cuando una persona quiere estar con alguien del mismo sexo y no se lo permite, es más, hasta puede reaccionar con conductas homofóbicas.

Quisiera aclarar que todos podemos tener deseos y fantasías homosexuales sin que esta orientación esté definida en la sexualidad personal. Estos deseos pueden aparecer en diferentes etapas de la vida, ser despertados por el contacto con el otro de mismo sexo, etc., hasta se puede concretar en un contacto sexual, pero en estos casos el deseo homosexual será transitorio e indica su versatilidad. No obstante, ese deseo puede convertirse en orientación, puede quedarse (en realidad estaba reprimido) y comienza a pulsar en el interior buscando algún modo de salida. Y la salida no es solo tener sexo, es también, y fundamentalmente, la posibilidad de un proyecto amoroso.

El deseo como parte de uno mismo

La congruencia entre el deseo, la orientación sexual y la proyección amorosa alinean las motivaciones de desarrollo y alimentan la estima (Pexels)

 

Cuando el deseo y la orientación homosexual aparece y se instala en el sentir de la persona, miles de imágenes aparecen en la mente: “¿qué hago?” “¿cómo hago para concretarlo’”, “¿lo comparto?”, “¿seré homosexual o bisexual?”, “¿cómo hago para vivir con esto?”. En algunas personas el deseo homosexual aparece en la adolescencia y se “aprende” a ocultarlo, con algún escarceo sexual ocasional, a veces marginal y con culpa. En otros hombres el deseo homosexual es cada vez más fuerte, no solo en lo sexual, sino en la aparición de afecto, amor, ganas de estar con ese otro ser que movilizó las estructuras defensivas hasta hacerlas caer. Y ahí viene el dilema, ese conflicto insomne que perturba y al mismo tiempo apura a una rápida resolución ¿Qué hago ahora con lo que siento?

¿Qué hacer?

Cuando el deseo y la orientación homosexual aparecen y se configuran como una verdad sin vueltas en un hombre o en una mujer en “apariencia” heterosexual, la salida del closet es la conducta más saludable. La congruencia entre el deseo, la orientación sexual y la proyección amorosa alinean las motivaciones de desarrollo y alimentan la estima.

Seguramente antes de decir, de poner en palabras la verdad, habrán ocurrido numerosos acercamientos al mismo sexo: contactos por las redes sociales, interés solapado por el “mundo gay”, concurrencia furtiva a algún boliche “de onda”, hasta que aparece la posibilidad de amar o de conectarse de una vez por todas con esa verdad oculta.

No se puede vivir en el medio, tironeado por dos deseos dispares, porque será uno el más débil (sostenido por las convenciones sociales y el miedo), el otro más fuerte (transgresor, desafiante, pero con una carga de verdad intrínseca). Será, parafraseando a la maravillosa nouvelle de Marguerite Yourcenar “un inútil combate”.