“Pensé que había fundido mis genitales”: un ex adicto al porno contó el infierno que vivió durante su juventud

Daniel junto a su esposa, Susana, son ahora padres de un niño de tres años

 

 

 

Con tan solo 8 años, Daniel y unos amigos encontraron en un descampado una revista porno que le causó gran impacto. El panfleto circuló por todo el colegio. Aquel incidente aislado fue, sin él saberlo aún, el comienzo de su gran pesadilla.

Por ABC

A los 18 años tuvo su primer smartphone y a los 6 meses ya estaba consumiendo pornografía de forma compulsiva. «Sin buscarlo, en mi pantalla aparecían sugerencias que me invitaban a pinchar en escenas de sexo, páginas de contactos… Me recordó a la situación tan placentera que me produjo aquella revista. Ya no eran imágenes fijas como las del papel, sino en vivo, en movimiento, y con situaciones muy diferentes, lo que impactó muchísimo en mi cerebro», recuerda Daniel, que hoy tiene 32 años, y confiesa su preocupación ante los padres que regalan su primer móvil a los niños cuando tan solo tienen 8 años.

Asegura que el porno es un sexo falso que engancha. «Y mucho. El problema no es solo que quieres consumir cada día más tiempo, sino que necesitas acceder a diferentes tipos de pornografía. En la pantalla del móvil siempre aparecen otras sugerentes imágenes a las que, al principio, no accedes porque generan repulsa, pero luego la cosa cambia. Llega un momento en que ver a una pareja practicando sexo ya no es suficiente porque es algo que normalizas y es entonces cuando necesitas algo distinto, más fuerte, para sentir el mismo placer. Pasas una barrera y entras a pinchar en esos vídeos a los que antes no prestabas ni atención pero que ahora necesitas: relaciones homosexuales, tríos, orgías, sexo violento, violaciones…».

Daniel reconoce que consumía porno a solas. Se encerraba cada vez más tiempo en su habitación y no salía durante horas. «En aquel momento era adolescente, me costaba estudiar por culpa de mi dislexia y vivía frustrado. El porno era lo único que me daba en el día mi momento de felicidad, de placer, de no pensar en mis problemas».

Con 23 años, y tras acabar la carrera de Publicidad, Daniel consigue un trabajo, pero reconoce que necesitaba acudir al baño con frecuencia para ver porno e, incluso, dejaba trabajo sin hacer por culpa de lo que ya era una verdadera adicción.

Excusas para estar solo y poder consumir sexo
También le afectó en sus relaciones sociales, puesto que cada vez quedaba menos con sus amigos. Les mentía y buscaba excusas, «aunque ellos sabían que algo raro estaba ocultando –admite–. Al igual que en mi familia porque dejé de ir a la reunión de todos los sábados y cuando asistía me preguntaban qué me pasaba porque mi aspecto físico se había deteriorado, estaba más delgado por comer poco y muy descuidado por no importarme mi imagen».

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